Vivimos en un momento de ebullición de ocurrencias, a veces las ocurrencias se convierten en ideas y en alguna ocasión se transforman en una realidad productiva. Y eso está bien.
Los ayuntamientos preguntan a los ciudadanos para que les den inputs, los consejeros presentan infografías, los delegados del gobierno anuncian obras faraónicas que se suspenden de la noche a la mañana. Y eso está muy entretenido.
Se habla de teleféricos que unen puentes como futuristas juegos de la oca, de volátiles y errantes cuarteles de la Guardia Civil, de auditorios de hormigón en el Valle, Aves migratorios de dos paradas, con/sin apeadero, viaductos vertiginosos, todo muy futurista y novedoso. Y eso es estupendo.
A veces uno piensa que somos ricos y mega innovadores, que nos va a llover el dinero, vamos a optimizar los Next Generation y demás manás europeos mejor que los Lakers a Doncic, y que le vamos a dar a la ciudad una vuelta de calcetín que no la va reconocer ni San Idelfonso que la fundó. Y eso parece guay.
Vamos que, como dice un amigo mío que vivió en Moscú, estamos que lo rompemos, que cualquier día de estos nos levantamos con el anuncio de que finalmente construimos el Corte Inglés. Ese mismo que si un día un marciano tira de hemeroteca verá anunciado no sé cuántas veces. Corte Inglés del que si busca un vestigio para su tesis de fenómenos terrestres se habrá topado con un Unidentified Anomalous Phenomena (UAP) de manual. Y eso está chupi porque, a fin de cuentas, qué da más vidilla y atractivo a Toledo que un misterio sin resolver.
El otro día hablaba de estos temas y de la brutal irrupción que está teniendo Toledo en el siglo XXII, si no ya en el XXIII, con un chaval de apenas veintidós años que está acabando una ingeniería aeroespacial. Lo alternábamos con comentarios sobre su proyecto TFG de un cohete que remataría con una estancia inminente en Estados Unidos.
Charlábamos mientras le acompañaba desde la estación de autobuses de Toledo hasta Zocodover, ya que ambos llevábamos la misma ruta.
No pude evitar insistirle sobre todos esos proyectos. Una mente como la suya, tan ordenada y preclara. A la postre, a chavales como él es de justicia que les toque idearlos y ejecutarlos.
Entre bromas y veras me acabó diciendo, mientras nos despedíamos, que francamente no conocía en profundidad esos proyectos más allá de cosas sueltas que había leído en redes, noticias digitales y demás, pero qué bien estaba que se elucubrara. «A veces de esas ocurrencias surge alguna idea brillante, aunque de ahí a ejecutarla…»
• Eso sí - me soltó alejándose, con ese sarcasmo tan toledano, sudoroso y trolley en ristre- lo único cierto es que en cuatro años me ha dado tiempo a empezar y a acabar la carrera y, si he venido cien veces a Toledo, todavía no he logrado hacer el recorrido Estación de bus- Zocodover completo rulando todos los tramos de escalera mecánica.
• Ni yo – solo acerté a contestarle…