Javier Ruiz

LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


La radio de mi vida

06/02/2025

Este jueves el Hotel Guadiana acogerá la gala que celebrará el noventa aniversario de Radio Ciudad Real Onda Cero. Nueve décadas en que la vida y la historia han ido corriendo como el viento desenvuelto en las esquinas para cambiarlo todo y dejarlo idéntico. Pero era necesario, había que celebrarlo. Noventa años al correr de los tiempos es una inmensidad para un medio de comunicación, aunque luego se quede en la mácula del océano en mitad de los milenios. El corredor de la batalla de Maratón murió tras dar la noticia de la victoria en el frente, pero aún hoy lo recordamos porque cumplió su cometido. La radio es una misión sustancial, única, indescriptible, que da sentido a toda una vida hasta el punto de enviarte a las trincheras y dejarte la piel en ellas. Si uno se entrega y desgasta, para qué vive si no es a base de jirones. Por eso hemos llegado hasta aquí y por eso había que celebrarlo. Que los dioses abran los cielos y el Olimpo para que la radio surque sus dominios.
Y lo hacemos aquí, en Ciudad Real, el sitio que nos vio nacer y a donde cada vez más me siento apegado. Hay una fuerza telúrica de los brujitos o chamanes que nos guía sin nosotros saberlo a nuestro destino final, que no es más que el origen mismo. El viaje a Ítaca de Odiseo que habita en las venas y surca los procelosos ríos de la vida. Hace noventa años que un matrimonio se instaló aquí y comenzó las emisiones de EAJ 65. Y hoy, nueve décadas después, Carlos Alsina cuenta y disecciona la mañana mientras desayuna Moncloa o Zarzuela. La radio marca el pulso vital del país hasta el punto de ponerlo bocarriba las mañanas y ejerce un parlamento que ya ideara Luis del Olmo y llega a nuestros días. Nos dieron por muertos tantas veces que cómo no vamos a celebrar la victoria de la vida.
Y lo hacemos hoy, este 6 de febrero, en el corazón del invierno y la Mancha. Pero por más largo que sea el invierno, siempre llega la primavera con su renacer de esperanza. Igual que cada mañana cuando nos enfrentamos al micrófono y contamos lo que pasa, sea una procesión, una dana o un tornado. Con toda la humildad del mundo, la radio se ha metido en nuestra habitación y nos habla desde el principio hasta la noche. Rodea nuestros movimientos en el automóvil y descorre los visillos de lo oculto. Nunca la prensa ni el periodismo tuvieron aliada tan grande. Si la radio ha llegado a nuestros días es porque existen comunicadores hercúleos como gigantes, que han sido capaces de informar y emocionar a un tiempo. Porque la radio es eso, emoción. Si no toca o surca los filamentos que acarician la membrana del alma, no vale. Por eso la radio vive, porque es emoción pura que traspasa los poros de la piel y pone la sangre de pie. La radio de mi vida, la radio de mi madre. A ella vuelvo. Siempre.