Javier del Castillo

Javier del Castillo


Cuestión de confianza

25/02/2025

Las elecciones alemanas, con una participación superior al 80%, evidencian el grado de implicación de los ciudadanos de aquel país ante la difícil situación política en la que se encuentra la principal referencia económica y política de la Unión Europea. A la vista de los resultados, nadie duda que habrá un gobierno de coalición de la derecha moderada (CDU/CSU) y la socialdemocracia (SPD). Se imponen grandes acuerdos porque así lo exigen las grandes dificultades. Las diferencias ideológicas se dejan a un lado y todos los esfuerzos se concentran en la búsqueda de soluciones globales.
Algo así sería inconcebible en España. ¿Alguien se imagina a los dos principales partidos españoles sentados en una mesa, acordando políticas de Estado sobre educación, sanidad, inmigración o financiación autonómica? ¿Alguien me quiere explicar cómo es posible que algunas de esas políticas las decida en estos momentos un delincuente que odia a España y que reniega de su actual sistema democrático y ordenamiento jurídico? ¿Cómo se explica que los socios y aliados de nuestro Gobierno vayan por libre y lo critiquen, a la vez que se sientan en el Consejo de Ministros? ¿Cuándo se pondrá fin a las habituales concesiones – en muchos casos extorsiones – de nacionalistas vascos, independentistas catalanes y partidos radicales que participan del poder sin apenas respaldo ciudadano?  
Estas y otras muchas interrogantes ya estarían resueltas, si la política española tomara nota de la alemana y no estuviera en manos de dirigentes que, como me decía hace algún tiempo el académico albaceteño de la RAE, Ignacio Bosque, miden el tiempo por legislaturas, cuando lo deberían hacer por generaciones. La reaparición de Donald Trump en el escenario político internacional, como elefante en cacharrería, pone en evidencia las carencias y debilidades de nuestro gobierno. También, por qué no decirlo, la irrupción de Trump delata las dificultades de Núñez Feijóo para encontrar su sitio, y con el líder de Vox, Santiago Abascal,tan feliz y contento en su nuevo papel de invitado a la Casa Blanca. 
El incremento del presupuesto para defensa, por poner el ejemplo más reciente, es acuciante, pero inviable, por mucho que se lo reclamen a Pedro Sánchez en Europa. Resulta imposible destinar más recursos para Defensa, teniendo Sánchez al lado las compañías que supuestamente lo respaldan. La aprobación de los Presupuestos Generales del Estado también seguirá bloqueada, porque así lo han decidido los siete diputados de Junts per Cat. 
Pero, eso sí, que nadie nos robe el relato. Tenemos la economía más boyante de la Unión Europea y lo que se ha dado en llamar un «gobierno progresista», donde las decisiones importantes tienen que ser pactadas previamente con los socios parlamentarios más retrógrados que sostienen la actual legislatura. Son las contradicciones que tiene querer seguir gobernando como sea y con quien sea.  
En medio de las dificultades internas y de los casos de corrupción que siguen su camino por los juzgados, Sánchez parece dispuesto a pasar al ataque. Y nada mejor para ello que asumir un papel internacional relevante, que contrasta con nuestro poder real de influencia en el nuevo orden internacional. El presidente tiene clara su apuesta por la defensa de Ucrania, aunque no pueda prestarle más medios materiales para lograrla, como tampoco tiene recursos alternativos que le permitan prescindir del gas que pagamos a sus enemigos.
Alemania, con sus gobiernos moderados de coalición, debería ser un buen ejemplo para España en esta difícil encrucijada.