La firma del contrato de compraventa en escritura pública ante notario, que se antoja inminente, es el último trámite que queda pendiente para que el Ayuntamiento de Guadalajara se convierta en el propietario de la antigua sede de la Sociedad Estatal de Correos y Telégrafos en la capital, un espléndido inmueble de principios del siglo XX que ocupa todo el esquinazo de la calle Tiente Figueroa.
Para ello, el Consistorio desembolsará una partida económica cercana a los 1,5 millones de euros, cantidad a la que habrá que sumar unos 3,5 millones más para su posterior rehabilitación y adaptación a la normativa y necesidades actuales en materia de edificación (accesibilidad, eficiencia energética, etc.). Así lo detalló el jefe del Servicio de Urbanismo, César Gismera, en una reciente comparecencia pública, en la que confirmó que la estructura y el estado general del edificio son buenos, pero que se trata de un inmueble que «lleva cerrado mucho tiempo» y la falta de mantenimiento ha supuesto su deterioro progresivo. Hasta el momento, el equipo de Gobierno no ha querido desvelar los usos que hay previstos para este emblemático edificio, catalogado de interés artístico en el Plan de Ordenación Municipal, y tan sólo ha avanzado que tendrá «fines sociales, culturales, de formación o administrativos».
Esta falta de concreción levanta dudas sobre si, verdaderamente, existe una hoja de ruta clara para el inmueble o si, por el contrario, es una cuestión pendiente de abordar. A este respecto, la edil de Aike, Susana Martínez, considera que «el equipo de Gobierno tendría que haber explicado para qué se ha comprado el edificio y cómo se va a reformar» porque «todo lo demás es como el cuento de la lechera, una irrealidad, aparte de una estafa a los ciudadanos». «Vamos a empezar todos a decir ideas sobre qué se puede hacer en Correos cuando eso es algo que tendría que haberse planificado antes», insiste la concejal, quien no oculta su recelo hacia esta operación. «Este edificio nos ha costado mucho dinero, no es una cesión ni una donación. Ha costado 1,5 millones de euros cuando el año pasado se subió el IBI a los vecinos más del 17% por la mala situación económica del Ayuntamiento. Pues a lo mejor no estamos para comprar edificios sino que tiene que haber otras prioridades», argumenta Martínez.
Aunque desde el grupo municipal socialista se muestran partidarios de la adquisición de esta joya patrimonial por parte de Consistorio, algo que el PSOE incluyó en su programa electoral, sí critican que el equipo de Ana Guarinos no haya aclarado su destino desde el principio. «Van dando bandazos, a ver por dónde se tira, no tienen proyecto de ciudad», opina la concejal Gemma Mínguez. «Comprar este edificio para destinarlo no se sabe a qué o no quiere decir, no nos parece que sea lo adecuado ni la mejor manera de gestionarlo. Sólo han pregonado la adquisición del edificio y se han puesto la medalla», apunta. En este sentido, la edil socialista recuerda que en su formación tienen claro que los «usos culturales y sociales» han de ser la prioridad y apuestan por crear un Centro de la Fotografía de la mano de la Agrupación Fotográfica de Guadalajara así como un centro social para acoger la actividad de la Asociación de Vecinos del Casco Histórico y de otros colectivos locales. Dicho planteamiento fue presentado a través una moción que fue rechazada en el Pleno celebrado el pasado 31 de enero.
Sobre esta cuestión también muestra su parecer el historiador local, Pedro José Pradillo, quien advierte de que «muchas veces la administración local se tira a piscinas sin ver si están llenas». «El equipo de Gobierno no nos cuenta su proyecto, pero imagino que lo tendrá claro porque siempre que vas a comprar algo, sobre todo un edificio de estas características, tienes que saber lo que vas a hacer con él», declara. Así las cosas, para Pradillo es una «excelente noticia» la adquisición de este inmueble de notable valor patrimonial, pero siempre y cuando se le vaya a dar una salida digna y adecuada. «Según las necesidades, así tengo que preocuparme del inmueble que quiero adquirir. No sea que ocurra como con la cárcel de mujeres, que se admitió su cesión para hacer un centro social y luego resulta que no cabe el centro social porque se realiza un proyecto lunático totalmente incomprensible e irracional y ahí está hundiéndose porque cambia el equipo de Gobierno y dice que a ellos no les interesa», lamenta.
De su lado, el concejal de Cultura, Patrimonio y Casco Histórico, Javier Toquero, justifica la compra de la vieja sede de Correos ante «las necesidades de espacio» que requiere el Ayuntamiento, sobre todo, de cara «a tener más espacios dedicados a la cultura y a las asociaciones». «O se construía o se compraba», dice el edil de Vox. Además, según el primer teniente de alcalde, esta operación evita que «un edificio tan emblemático, que es una maravilla y que está en pleno centro, vaya a peores condiciones porque ya llevaba cerrado muchos años». Asimismo, su futura actividad servirá «para dar más vida a esa parte baja de la calle Mayor y a nuestro casco histórico que tan necesitado está de este tipo de atenciones», añade.
A pesar de que Javier Toquero no especifica los fines previstos para el inmueble, corrobora que estará relacionado con aspectos culturales «con el fin de tenerlo abierto los siete días de la semana» para que también pueda convertirse en «un foco de atracción turística» por estar emplazado en el conocido Eje Cultural de la ciudad, junto al Palacio del Infantado y a otros puntos de interés monumental como la iglesia de Santiago, el Convento de la Piedad, la Concatedral de Santa María o el Palacio de la Cotilla.
La Tribuna de Guadalajara ofreció a los miembros del equipo de Gobierno del PP participar en este reportaje, pero rehusaron a hacer declaraciones hasta que se formalice la escritura de compraventa.
Historia del edificio
La vieja delegación de la Sociedad Estatal de Correos y Telégrafos en la ciudad de Guadalajara tiene su origen en la «maniobra especulativa» que Álvaro de Figueroa y Torres, el archiconocido Conde de Romanones, gestionó con el Arzobispo de Toledo a principios del siglo XX. Por aquel entonces, toda la manzana que conforman las actuales calles Teniente Figueroa, Miguel Fluiters, Teniente Gonzalo Herranz e Ingeniero Mariño estaba ocupada por el convento de Santa Clara que, a raíz de la Desamortización de Mendizábal, el Conde de Romanones adquirió por la ínfima cantidad de 60.000 pesetas. «A las monjas las echan, incluso empiezan a derribar el convento cuando todavía no se habían ido, aunque la rentabilidad del solar pasó años sin tenerse, no fue una especulación inmediata», detalla el historiador local, Pedro José Pradillo. De aquel conjunto conventual, en la actualidad, sólo se conserva la actual iglesia de Santiago. En el lugar donde ahora se ubica una entidad bancaria, se levantó el Hotel Palace, que décadas después sería derrumbado para levantar la sucursal actual.
Fue en 1917 cuando Correos encargó a Luis Sainz de los Terreros diseñar su delegación en Guadalajara. La actuación se alargaría hasta 1926, año en que las oficinas de la Sociedad Estatal comenzaron a prestar servicio al público. «Sainz de los Terreros lo que hace es un edificio emblemático como correspondía y hacía entonces Correos y plantea una fachada espectacular, al gusto historicista que tanto agradaba en aquel momento con citas al arte renacentista y citas al arte mudéjar aragonés», describe Pradillo. «Trata de hacer un edificio monumental y lo consigue, con una bonita torre que lo corona», añade.
Respecto al interior, el historiador guadalajareño detalla que en sus inicios estuvo distribuido en torno a un gran patio central de operaciones «de estructura más solemne y palaciega con unos revestimientos de mármol». Lamentablemente, dicho patio «se desmanteló» en la década de los 90 para ser sustituido por «por una estructura posmoderna de ladrillo visto sentado al hueso que no tiene nada que ver con el proyecto inicial y que, en mi opinón, es bastante desafortunado», afirma Pradillo.
Este inmueble, que fue el primer proyecto de envergadura de Sainz de los Terreros, tiene una superficie de 3.000 metros cuadrados construidos y, a pesar de que no está declarado Bien de Interés Cultural, sí está catalogado y cuenta con protección dentro del POM. A lo largo de su historia, ha pasado por diferentes reformas, incluida su ampliación mediante un edificio anexo. En todo caso, la curiosidad más desconocida que encierra este edificio es la posibilidad de que contenga un refugio antiaéreo de la Guerra Civil. «Está documentado y conozco el proyecto de ese refugio, sería otro elemento a recuperar si es que se construyó y si es que no se ha destruido», señala Pradillo.
En febrero de 2018, una de las esquinas de su torre sufrió un desprendimiento parcial que incluso obligó a cortar la calle. El último intento de encontrar una solución a este edificio fue en 2015 cuando el entonces alcalde, Antonio Román, se reunió con el presidente de Correos de aquella época, Javier Cuesta, para buscar alternativas. Sin embargo, todo quedaría en una mera declaración de intenciones. Por suerte, el futuro de este tesoro patrimonial se augura ahora mucho más esperanzador.
Edificios en el olvido
La adquisión de la antigua sede de Correos por parte del Ayuntamiento de Guadalajara reabre el debate sobre el olvido y el progresivo deterioro que sufren distintos edificios públicos enclavados en el corazón de la capital que se encuentran cerrados a cal y canto desde hace años, , la mayoría de destacado interés patrimonial.
En opinión del historiador local, Pedro José Pradillo, la mejor solución para dar una salida realista a estos inmuebles pasaría, en primer lugar, por confeccionar un inventario «que recogiese las singularidades y el estado de todas las construcciones que hay abandonadas en el casco histórico» y que, posteriormente, fuese gestionado por alguna entidad de carácter empresarial (CEOE-Cepyme, CEEIo Impulsa Guadalajara). «La idea es que ese patrimonio se ofreciera a las posibles empresas que quieran venir a la ciudad, es decir, que a esos edificios históricos se les diera un uso empresarial», explica. En este sentido, Pradillo recuerda que en el mandato 2015-2019 se llegó a trabajar en un proyecto de estas características denominado Guadalajara vuela alto y que él mismo coordinó como técnico municipal de Patrimonio sin que, finalmente, pudiese ver la luz.
Este especialista insiste en que el Consistorio capitalino debería promover «un plan total que visualice todo el patrimonio inmueble público que hay paralizado» y sentarse con las administraciones implicadas (la mayoría son edificios de titularidad estatal) para rentabizar su uso con alguna fórmula privada y evitar así su destrucción. Sobre esta cuestión, el concejal de Patrimonio, Javier Toquero, afirma que el equipo de Gobierno está «totalmente abierto» a entablar conversaciones con las administraciones implicadas sin descartar la opción público-privada para hacer posible que estos edificios vuelvan a tener vida. Desde Aike consideran que, ahora mismo, la prioridad del Ayuntamiento debería ser terminar la obra de la Casa del Cuento, poner en marcha una biblioteca municipal y habilitar nuevos espacios para las Escuelas Municipales de La Cotilla.
- Cárcel de mujeres (1925): La antigua cárcel de mujeres, propiedad del Ministerio del Interior, fue cedida gratuitamente al Ayuntamiento en el año 2021 por un periodo de 15 año. Allí, el equipo de Gobierno de Alberto Rojo proyectó un centro social para mayores que, después, sería descartado por el actual equipo de PP y Vox. Lo cierto es que el inmueble, que albergó el Archivo Municipal y una escuela taller, continúa cerrado.
- Prisión Provincial (1887): La Prisión Provincial, propiedad del Ministerio del Interior, cerró en 2012, aunque desde 1996 solo se utilizaba como Centro de Reinserción Social para el tercer grado. Es un magnífico edificio neomudéjar de 7.000 metros cuadrados. Se trata de uno de los ejemplos de abandono patrimonial más escandalosos que sufre la ciudad hasta el punto de encontrarse en riesgo de ruina sin que, nadie lo evite.
-Parque Móvil Ministerial (1946): El Parque Móvil Ministerial, de propiedad estatal, se instaló en 1946 para custodiar todos los vehículos oficiales de Guadalajara. En su época de máxima actividad, acogió a una veintena de familias ya que sus plantas segunda y tercera tienen viviendas. La Universidad de Alcalá mostró interés por el inmueble hace unos años para integrarlo en el campus universitario sin que hubiese ningún avance al respecto.
- Antiguos juzgados (1973): La marcha de los juzgados a su nueva sede del otro lado de la A-2 en 2021, dejó sin actividad el gran edificio de siete plantas que hasta entonces ocupaban en el centro de la ciudad. El actual equipo de Gobierno municipal anunció su intención de «trabajar» para conseguir su transformación en residencia universitaria. De su lado, el grupo municipal Aike propuso reconvertirlo en viviendas para jóvenes.
- Ateneo Municipal: El Ateneo Municipal, creado en su día por suscripción popular, es un edificio propiedad de la Junta que lleva cerrado a cal y canto varias décadas. Su falta de uso y mantenimiento afecta al edificio, cada vez, en peor estado. En junio de 2013 un grupo de jóvenes antisistema ocupó el edificio para reclamar su apertura. La Junta presentó un proyecto para su reforma en 2007, pero nunca llegó a ejecutarse.
- Fuerte de San Francisco (siglo XIV): Han pasado 20 años desde que el Ministerio de Defensa, la Junta y el Ayuntamiento materializaran la compra de las 25 hectáreas que abarcaba el antiguo complejo militar del Fuerte de San Francisco. Desde entonces, se construyeron viviendas protegidas, se rehabilitó la iglesia y una de las naves, el actual Tyce. El resto de dependencias siguen abandonadas en medio del enfrentamiento político.