Ocurrió el mismo año del Mundial de Fútbol de España: la inauguración del Hospital Universitario de Guadalajara, la primera edición de la Feria Apícola de Pastrana y el desalojo de los vecinos del pueblo de Alcorlo antes de ser anegado por las aguas del embalse. 1982 fue también el año en el que comenzó a emitir Radio Guadalajara, de la Rueda de Emisoras Rato. Y cuando todos estos hitos históricos sucedían, Félix García Pérez (Yunquera de Henares, 1955) ya estaba allí ejerciendo el oficio. En los primeros, como redactor de La prensa alcarreña y de Guadalajara. Diario de la mañana, aquel proyecto impulsado por Javier Pérez de Almenara en el que se curtieron periodistas del máximo prestigio como Antonio Pérez Henares Chani y Javier del Castillo. En el nacimiento de la Cadena Rato (Onda Cero desde 1990), Félix empezó como el jovenzuelo que comienza a tontear con una chica y que, con el tiempo, termina siendo el amor de su vida. El idilio con este grupo de comunicación le ha durado más de 42 años, que está muy por encima de lo que permanecen unidos la media de los matrimonios actuales.
Félix García estudió Periodismo un tanto por casualidad. Al terminar el Bachillerato en un centro de los Escolapios, donde estuvo interno en Madrid, se matriculó en Derecho. Poco importa las asignaturas que suspendió en el primer curso o si llegó a aprobar alguna. Ni le gustaba, ni era lo suyo. Es entonces cuando decide probar en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, que había comenzado su andadura apenas unos años atrás en la Dehesa de la Villa con tres titulaciones: Ciencias de la Imagen Visual y Auditiva, Publicidad y Relaciones Públicas y Periodismo. El motivo por el que se decantó por la última no puede ser más simple: «Una vez que pasamos el examen de acceso, era la que menos cola tenía para matricularse». Con Félix no vale el romanticismo barato. Nada de vocación ni tampoco esas pretensiones que muchos estudiantes de Periodismo tenían de ser corresponsales de guerra o narradores deportivos. «Mi familia eran todos agricultores, así que antecedentes en la profesión ninguno. Y para mí, el Periodismo es un oficio que está por encima de la vocación. Es como el que aprende a hacer zapatos día a día y la experiencia te convierte en un gran zapatero. Aquí hay que tener una cultura general y una actualización diaria, pero no deja de ser un oficio».
En Radio Guadalajara, Félix ha hecho absolutamente de todo y ha sido testigo directo de una auténtica revolución tecnológica que ha obligado a los profesionales a ir adaptándose a pasos agigantados. Antes de que la Cadena Rato montara los estudios en la calle Francisco Cuesta, García, junto a Félix Torcal, que luego sería director de RNE en Guadalajara, se subían a El Clavín a emitir un pequeño informativo. «La compañera que estaba poniendo música paraba un rato y nosotros, desde la caseta donde estaba situada la antena, contábamos las noticias». De los magnetófonos de bobina abierta pasó al casete en cinta magnética, después al MiniDisc, en un formato más pequeño que el CD, para terminar en una completa digitalización con la que puedes grabar y reproducir cualquier sonido desde un ordenador o incluso desde el propio móvil. «Son cambios que han ido facilitando el trabajo. Antes, para extraer una parte de una declaración o una entrevista tardabas mucho tiempo y ahora es casi inmediato». Y al hilo de esta evolución me cuenta un inoportuno fallo técnico que sufrió con Alfonso Guerra como protagonista. «En 1985, el día de Castilla-La Mancha se celebró en Guadalajara y, además de Pepe Bono, vino Guerra. En Madrid me pidieron que le entrevistara y me las ingenié para hablar con el vicepresidente del Gobierno. En medio de la entrevista, me di cuenta de que la grabadora no estaba funcionando. Como Guerra mandaba tanto y tenía tan mal genio, no me atreví a decirle nada y seguí como si nada pasara. De haberme ocurrido años después, habría parado para ver si eran las pilas o qué».
De forma paralela a la radio, Félix García ha mantenido una colaboración en prensa escrita que comenzó en Flores y Abejas y que ha continuado en proyectos herederos de la histórica cabecera. Llamó a su sección Jalea Real y Cizaña, con halago dulce y crítica constructiva, que en alguna ocasión se recetó él mismo. Félix tiene una obsesión por la puntualidad, lo que le otorga la condición de un gruñón irreconciliable consigo mismo, en una pose cargada de humor e ironía. Esto no me lo ha contado nadie: a un alcalde de Guadalajara que de forma habitual llegaba con casi media hora de retraso a sus actos, le llegó a decir que, a ese paso, iba a llegar también tarde a su funeral. El político en cuestión, que tiene la gracia donde amargan los pepinos, no se lo tomó nada bien. Ese carácter tan directo le permitía a Félix contar la Primera e incluso la Segunda Guerra Mundial en una crónica de 50 segundos. También alargar las noticias cuando el espacio lo exigía. Cuestión de oficio. Y Félix es lo que parece: un tipo sin filtros -esto se ha ido acentuando con la edad-, un madridista convencido y un compañero ejemplar, que ha sido maestro de incontables remesas de jóvenes periodistas que han pasado por sus manos a lo largo de casi medio siglo de profesión.