No creo que nadie ponga en duda que Las Meninas se trata de una de las obras pictóricas más importantes del Patrimonio Histórico Español.
Este trabajo del pintor de pintores ha suscitado gran interés entre los investigadores, quienes nos han explicado todo tipo de detalles acerca de su ejecución, sin embargo ninguno de ellos ha conseguido determinar hasta la fecha -más allá de meras conjeturas- quién es el personaje que aparece mirando el cuadro junto a Marcela de Ulloa. Tampoco se ha sabido explicar porqué ese hombre aparece en media penumbra, postulando algunos autores que quizás podría deberse a una animadversión de Velázquez hacia esa persona. En este trabajo resolveremos ambas cuestiones.
La única noticia que teníamos de esta persona es que se trataba de un guardadamas, pues así nos lo concreta Antonio Palomino, biógrafo de Velázquez y fuente autorizada sobre esta cuestión. Aparte lo anterior, sabemos que esta obra fue terminada en 1656 pues así nos lo indica también Palomino y porque esta fecha resulta coherente con la edad que representa la infanta Margarita, nacida en 1651.
En ese año en concreto, eran seis los guardadamas adscritos a ese oficio, quienes según la normativa podían estar en situación activa o haber pasado a la jubilación, caso este último en el que podían suplir puntualmente a esos guardadamas activos en caso de que estos padecieran una enfermedad o sufrieran algún percance de cualquier otro tipo.
Pues bien, de esos seis guardadamas sabemos que en 1653 tan sólo uno de ellos se encontraba en situación activa, momento en el que causa baja por enfermedad.
Esto anterior motivó el nombramiento de Gaspar de Carrión, quien desempeñará este oficio activamente y en exclusiva hasta abril de 1658, tiempo en el que se produce un nuevo nombramiento en la persona de Nicolás de Velasco. Así pues y toda vez que el único guardadamas que se encontraba en esa situación activa en 1656 no era otro que el ya nombrado Gaspar de Carrión, acabamos de encontrar la identidad de ese personaje hasta la fecha desconocido.
Sobre Gaspar de Carrión, sabemos que era conocido en palacio por sus apellidos naturales más él en su ámbito familiar prefería utilizar los dos apellidos de su padre. Es por ello por lo que dependiendo de la fuente vemos como se le identifica como Gaspar de Carrión Sotelo o Gaspar de Carrión Ponce de León.
Este Gaspar de Carrión era natural de Toledo, hijo de los también toledanos Melchor de Carrión Ponce de León y Catalina Sotelo, y pasa a Madrid, donde comienza a prestar sus servicios en palacio como macero, esto es, como escolta en los desplazamientos de la familia real (1636).
Este trabajo lo desempeñará sin interrupción hasta 1645, momento en el que se le nombra repostero de camas de la infanta.
Por esta última fecha ya se había desposado con la madrileña Antonia Muñoz y Gamboa y probablemente en este ascenso tuvieron algo que ver bien fuera su suegro: Manuel Muñoz y Gamboa, recién nombrado grefier de la reina y a quien se le habían confiado anteriormente misiones tan importantes como fueron la entrega de la emperatriz doña María (1629) y la organización de la gala viniendo de Alemania (1642), o acaso su cuñado: Francisco Muñoz y Gamboa, guardamangier de la reina desde 1638, esto es, unas personas de la plena confianza de los monarcas.
En el año 1649, coincidiendo con el nombramiento de su suegro como contralor de la nueva reina y de su cuñado como su despensero mayor, don Gaspar pasará a trabajar también para Mariana de Austria como su repostero de cámara.
Para finalizar y como ya dijimos anteriormente, en 1653 accederá al puesto de guardadamas, acción esta en la que ahora si podemos afirmar con rotundidad que su suegro tuvo una participación activa en ese nombramiento, pues es él quien recomienda que se le conceda ese puesto a su yerno, haciendo suyo el siguiente texto que les reproduzco: «estando impedido de servir Juan de Castañeda y otros, y haber falta de guardas para servir, conque se necesita de persona de canas y authoridad para exercicio de tanta confianza, y todo concurre en este sujeto».
En definitiva, ese guardadamas que aparece en Las Meninas no es otro que Gaspar de Carrión, una persona que debió de tener una buena relación con Diego Velázquez, puesto que su suegro fue uno de los testigos que declararon a favor del pintor con ocasión del interrogatorio llevado a cabo para que este ingresara en la orden de Santiago, o porque su yerno: García de Bustamante, secretario de la reina en distintos negociados, también debió de tener una relación más que estrecha con el sevillano, pues eso explica el que poseyese un retrato suyo.
Pasemos ahora a la segunda cuestión. Siendo cierto como exponen algunos analistas que Velázquez en su obra maestra le resta protagonismo a este guardadamas, quienes añaden que quizás podría deberse a un mala relación entrambos -algo que como les digo deviene bastante improbable- vamos a analizar las posibles razones que le llevaron a actuar de esta manera.
Sin duda alguna, la competencia entre las familias de la alta nobleza por tratar de ocupar los oficios de palacio que les proporcionaban una mayor cercanía con la familia real y por tanto mayores posibilidades para tratar de ejercer una influencia sobre la misma, era evidente. Conocemos muchos episodios en los que se producen fuertes altercados entre varias de esas familias por esta misma cuestión.
Teniendo en cuenta lo anterior, la explicación más plausible que motiva el que Velázquez deje en la penumbra a don Gaspar es la que sigue: cuando Velázquez estaba terminado este cuadro se produjo un hecho singular. En efecto, el 14 de agosto de 1656 vemos como el monarca le privó a don Gaspar del ejercicio de su oficio. La razón 'oficial' que le llevó a tomar esa determinación al monarca devenía del hecho de que don Gaspar había dado una orden al portero de palacio para que dejara salir a la criada de una dama, manifestando que la criada tenía permiso de la guarda mayor, lo que dio lugar a un careo entrambos, en el que don Gaspar reconoció que no contaba con esa licencia.
Entender mejor este episodio, pasa por conocer que esa guarda mayor no era otra que Casilda Manrique Luyando y Mendoza, perteneciente como vemos al linaje de la por entonces poderosa familia de los mendozas, una Casilda que además había engendrado un niño de una relación que mantuvo con Felipe IV. En esta tesitura, es de suponer que esta Casilda tuviera aspiraciones en alcanzar el más alto cargo de palacio reservado a las mujeres: el de camarera mayor, ocupado en ese momento por la marquesa de Valdueza: doña Elvira Ponce de León, esto es, por una mujer de la también poderosa Casa de Arcos y a buen seguro emparentada con nuestro biografiado, quien a todas luces y a falta de un estudio genealógico más completo parece que podría tratarse de un primo suyo en segundo grado.
En definitiva, Gaspar de Carrión, quien es denunciado en primera instancia por el conde de Altamira -mayordomo mayor de la reina y casado con una Mendoza- por un hecho sin apenas trascendencia, se vio inmerso en las luchas que les ocupaban a los parientes mayores de los ponces y los mendozas, unos mendozas que seguramente con objeto de tratar de manipular la opinión de la reina respecto a la camarera mayor, familiar del imputado en el delito y quien pudo ser la responsable de dejar salir a esa doncella de palacio, crean este entramado. Sin embargo, vemos como Mariana de Austria no se dejó manipular por la amante de su marido, pues eso explica el que el rey readmitiera a don Gaspar en su oficio apenas transcurrido un mes desde el inicio de este episodio, pagándole además los salarios devengados en el tiempo que duró esa suspensión.
En resumen, si Velázquez -como parecen apuntar los registros históricos de su actividad- hubiese terminado su obra maestra finalizando el verano de 1656, recién readmitido don Gaspar en su puesto y a buen seguro con un conocimiento muy preciso de estas luchas interinas, es lógico que actuara de esta manera: Velázquez era dependiente del mayordomo mayor del Rey, oficio que ocupaba Juan Gabriel Pacheco Téllez-Girón, un noble que estaba casado con otra Mendoza y en esta tesitura, seguramente para no incomodar a esta familia que acababa de salir perdedora de uno de los numerosos lances que les enfrentaron con los ponces en esas guerras palaciegas, trató de desentenderse de estas luchas adoptando una posición neutral, no dándole protagonismo a don Gaspar para no perturbar a los mendozas pero tampoco quitándoselo del todo para no molestar a los ponces.
Quede pues bien entendido los motivos que parecen justificar esta acción de Diego Velázquez de dejar en medio penumbra a don Gaspar de Carrión, hijo ilustre de esa noble ciudad de Toledo al que acabamos de rescatar de las sombras de la Historia.